La historia de Darren Till en los deportes de combate siempre ha tenido un mismo hilo conductor: aceptar los retos que otros evitan. Su tránsito del octágono al ring mantiene esa esencia. El británico peleará el 30 de agosto contra Luke Rockhold, un duelo que carga con más historia de la que se ve en el cartel.
Till había regresado en mayo con victoria ante Darren Stewart, esperando la gran oportunidad que Misfits le había prometido. La respuesta no tardó en llegar, aunque con varios giros. Primero, el nombre de Nate Diaz se puso sobre la mesa. Fue el propio californiano quien dictó condiciones: peso, fecha, lugar. Till aceptó sin titubear. Pero la negociación, según él mismo confesó, se deshizo por decisión de Diaz.
“Él lo pidió todo, yo acepté todo. Es el lado A, yo lo reconocí. Pero se echó atrás. Estaba preparado y con ganas, pero no ocurrió”, explicó Till en declaraciones a MMA Fighting.
En paralelo, el británico también buscaba su revancha personal. En 2019, Jorge Masvidal lo noqueó en Londres. Aquella derrota todavía pesa en la memoria del “Gorilla”. Till intentó arreglarlo con un combate en boxeo. Llegó a llamar a Masvidal por videollamada mientras este estaba en Tailandia, pero lo encontró disfrutando, con barriga y cerveza. No era el momento.
“No tengo nada contra él, lo respeto. Ganó limpio. Pero necesito esa pelea porque sé que puedo noquearlo. Ojalá llegue el día”, aseguró el británico.
El camino lo llevó finalmente a Luke Rockhold. Para Till, un rival de prestigio y de mérito: excampeón de Strikeforce, excampeón de UFC. “Estoy feliz con esta pelea. Me gusta porque es un desafío y porque es un nombre grande. Eso es lo que quiero ahora”, afirmó.
El británico tiene 32 años y sabe que su ventana no es infinita. Por eso no quiere pasos pequeños. Habla de nombres como Jake Paul, Tommy Fury, los hermanos Diaz o incluso Carl Froch. Lo suyo no es escoger rivales, lo suyo es aceptar lo que llegue, siempre que tenga grandeza.
En sus palabras se intuye también un punto de autocrítica. Till reconoce que en UFC tal vez debió ser más selectivo. Pero asegura que no sabe hacerlo: “Mi problema es ese, que peleo por amor al deporte, no por dinero. No sé elegir rivales fáciles. A veces gano, a veces pierdo. Así es la vida. Amo pelear”.
El futuro de Till está escrito en dos capítulos. El primero, los próximos tres o cuatro años, con Rockhold como estación inmediata y otros grandes nombres en el horizonte. El segundo, su vida después del ring: abrir un gimnasio, enseñar jiu-jitsu y vivir en paz con su familia. Pero antes de ese final, promete seguir aceptando cualquier nombre que llegue. Porque Till, simplemente, no sabe decir que no.
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