La confrontación entre Vergil Ortiz Jr. y Xander Zayas no ha comenzado en un ring, sino en las palabras. El texano no aceptó la etiqueta de “prospecto de 27 años” que le lanzó el boricua, y su respuesta encendió una polémica que recorre ya el superwélter.

Ortiz, con récord perfecto de 23-0 y 21 nocauts, recordó que sus últimos meses fueron contra la élite de la división: Israil Madrimov y Serhii Bohachuk, dos pruebas que superó con solvencia. Para él, el contraste es evidente. Zayas, con 22 años y el cinturón WBO en la cintura, se estrenó en el campeonato tras dos victorias ante rivales menores, Slawa Spomer y Jorge García Pérez.

La historia, sin embargo, no se mide solo en los nombres. Ortiz representa la ruta dura, aquella en la que cada paso supone una montaña. Zayas, protegido por el andamiaje de Top Rank, fue conducido hacia el título con cuidado y estrategia. No es el primer caso en la historia, pero sí uno que refleja el eterno debate entre mérito deportivo y manejo promocional.

“Ha peleado con nadie”, resumió Ortiz en redes sociales. Sus palabras reflejan también la voz de una parte de la afición, que cree que el boricua evitó a hombres como Murtazaliev, Fundora, Baraou, Lubin o incluso el propio Madrimov. La lista pesa, y Zayas no puede borrarla de un plumazo.

El puertorriqueño, en cambio, defendió su postura en Ring Magazine. Recordó que él mismo escuchó en el pasado la frase “háblame cuando seas campeón”. Ahora que lo es, asegura que responderá lo mismo a Ortiz, que sigue en busca de un título absoluto pese a portar la faja interina del WBC.

El calendario ofrece pronto una prueba clara. Ortiz enfrentará a Erickson Lubin, uno de los hombres más peligrosos de la división, el 8 de noviembre en Fort Worth. Un triunfo confirmaría que está listo para el siguiente paso, y aumentaría la presión sobre Zayas.

En este cruce se enfrentan dos símbolos. El prospecto convertido en contendiente que nunca rehuyó a nadie, frente a la joya joven de una promotora que lo quiere ver crecer paso a paso. Uno, curtido en la exigencia. El otro, aún intocable.

El futuro del superwélter tiene en ellos dos de sus protagonistas. Todavía no comparten ring, pero la rivalidad ya está sembrada. Ortiz y Zayas. Dos rutas diferentes hacia el mismo destino: demostrar quién es, de verdad, el hombre más fuerte de las 154 libras.

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