Max Holloway se llevó la gloria, pero la noche fue también de Dustin Poirier. En el combate estelar de UFC 318, celebrado en un ambiente cargado de emoción, el hawaiano ofreció una actuación memorable para vencer a su viejo rival por decisión unánime (49-46, 49-46, 48-47) y conservar el título de “BMF”. La pelea fue un homenaje a la dureza, al respeto mutuo y al legado de ambos hombres dentro del octágono.

Era la tercera vez que se encontraban, pero esta significaba mucho más. Para Poirier, era el final. Una última batalla antes de dejar los guantes en el centro de la jaula. Para Holloway, era la oportunidad de vengar dos derrotas pasadas y confirmar su lugar entre los mejores del peso ligero. Los dos lo sabían. Y por eso dejaron el alma en esos 25 minutos de violencia y técnica.

Desde el inicio, Holloway impuso su ritmo. Con un derechazo limpio, envió a Poirier a la lona en el primer asalto. No fue el final, pero sí un aviso. El hawaiano estaba más fuerte, más preciso, más peligroso. Aunque no se lanzó a terminar, sí mantuvo la presión con combinaciones certeras, especialmente a la zona media.

Poirier no se rindió. Nunca lo hace. En el segundo round respondió con una izquierda que entró limpia, y luego un rodillazo que hizo tambalear a Holloway. Lo atrapó con otra ráfaga y logró su propio knockdown, seguido de un intento de guillotina que hizo enloquecer al público. Fue un asalto salvaje, de los que se recordarán durante años.

En los rounds intermedios, Holloway volvió al plan: volumen, ángulos, desgaste. Cada vez que Poirier intentaba cerrar la distancia, recibía una andanada de golpes o una patada al cuerpo. Holloway castigó sin pausa, mientras Poirier respondía con valentía y corazón.

El último round fue un homenaje al espíritu del MMA. Poirier, sabiendo que eran sus últimos cinco minutos como profesional, lo dio todo. Holloway también. Se golpearon sin descanso, hasta que Max señaló el suelo y propuso una guerra de puños para cerrar la historia. Los dos aceptaron. Fue el broche perfecto para una trilogía inolvidable.

“Este no es mi momento. Es el de Dustin”, dijo Holloway tras la victoria. Y aunque celebró su revancha, cedió el protagonismo al hombre que se retiraba con honor. Poirier, entre lágrimas, agradeció el amor de los fans, de su gente en Luisiana, de toda la comunidad del MMA.

“Nunca pensé que había tocado a tanta gente persiguiendo mis sueños”, confesó el “Diamante” al dejar los guantes en el suelo. Con 30 combates en UFC, guerras memorables y un legado de respeto, Poirier se marcha como uno de los más queridos de todos los tiempos.

Para Holloway, el futuro es brillante. Ha vencido a Poirier y a Gaethje en 155 libras. El cinturón BMF sigue en su cintura, pero ahora se ha convertido en una amenaza real en la división ligera. Lo que viene será grande. Pero lo de anoche fue historia. Y fue hermoso.

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